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Pasaporte olímpico, acceso a Londres: La cuna del olimpismo

julio 30, 2012
  • Deportes como el futbol, el rugby, el tenis y la maratón, entre otros, fueron creados por ingleses y llevados al mundo a través de sus colonias.
  • Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional, lo consideró como el país que dio origen a la agenda deportiva en la nueva era de la justa veraniega.

(Internet) El futbol llegó al continente americano de la mano de los migrantes ingleses.

La creatividad y la capacidad innovadora de los británicos son conocidas por todos. Siempre a la vanguardia, y privilegiada por haberse entremezclado con una cantidad importante de culturas diferentes, la Gran Bretaña es un lugar de gente progresista, pero a la vez, celosa de sus tradiciones, guardiana de sus leyes y orgullosa de sus aportaciones al desarrollo de la humanidad.

En el ámbito deportivo, los británicos se pintan solos. De la isla han salido varios deportes que hoy en día son de los más populares a nivel mundial: futbol, rugby, golf, cricket, tenis, las pruebas de atletismo y la maratón. Al igual que la Revolución Industrial tuvo la fuerza para cambiar al mundo, los deportes modificaron el rumbo de los deportes.

Al ser una cultura de origen imperialista, en la Gran Bretaña también tuvieron la oportunidad de llevar estas disciplinas a sus colonias en el siglo XIX. Sin embargo, con la visión de estadistas que siempre les ha caracterizado decidieron cuáles difundir entre sus colonizados, y cuáles no. Gracias a la industrialización, el futbol se había convertido en un fenómeno social importante para la época, al transformarse de un evento aristocrático a un deporte para la clase trabajadora. Como tal, el balompié promueve los valores de equipo por encima de el individualismo, lo que genera, hasta nuestros días, un grado importante de cohesión social. Es por eso que, deportes como el cricket, tomaron mucha fuerza en las colonias británicas, ya que es un juego centrado mucho más en el individualismo que en la colectividad.

Así sucedió también con lo que hoy conocemos como Juegos Olímpicos. En 1850, el doctor William Penny Brookes estableció la llamada “Clase Olímpica”, que promovió el ejercicio dentro de los habitantes del pueblito de Much Wenlock en el condado de Shropshire. Comúnmente, la historia del olimpismo considera a Pierre de Coubertin como el padre de las Olimpiadas modernas. Sin embargo, es un hecho que, sin los primeros pasos dados por Brookes, y después de su reunión con el mismo Barón de Coubertin, el concepto moderno de los Juegos Olímpicos quizá nunca hubiera surgido como tal. En octubre de 1890 The Raven Hotel se convertiría en el lugar donde el curso de los deportes cambiaría para siempre a nivel internacional.

Aunque Brookes no vivió para ver realizado su sueño, las Olimpiadas modernas comenzaron por el origen, celebrándose por primera vez en la edición de Atenas 1896. Sin embargo, después de esta primera etapa, el olimpismo no estuvo exento de sufrir a causa de la Segunda Guerra Mundial. Los Juegos Olímpicos que se llevarían a cabo en 1940, fueron cancelados por la presencia de la guerra. Las Olimpiadas de 1944 que iban a celebrarse en Londres, fueron pospuestas cuatro años. A pesar de la crisis que dejó la posguerra, los británicos entendieron la importancia de continuar con la tradición olímpica y contra todo pronóstico, alzaron la mano para organizar los Juegos Olímpicos de 1948. Con un presupuesto bajo, y trabajando a marchas forzadas, los l ondinenses tuvieron, una vez más, la oportunidad de disfrutar de la mejor justa deportiva.

El alcance de las olimpiadas a nivel mundial, todos lo sabemos, es impresionante. Tanto así, que en su momento, Pierre de Coubertin estuvo nominado al Premio Nobel de la Paz. Aunque finalmente no terminó por recibirlo, es evidente que el poder que tiene el deporte sobrepasa muchos límites. Ejemplo de ello, son la marcha de las dos Coreas como una sola nación en la justa olímpica de Atenas 2000, dejando de lado sus diferencias históricas, o la actuación de Jese Owens en Berlín 1936, quien superó las barreras del racismo y conmovió al mundo con sus enormes zancadas. El deporte ha llevado siempre esa bandera de ser el espacio donde todo lo demás se olvida. Casi aspirando, como lo quisiera en su momento el barón de Cobertin, a ser un factor determinante en lograr la paz mundial. Una opinión con la que Jaques Rogge, actual presidente del Comité Olímpico Internacional, no estuvo tan de acuerdo.

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