THE SPORTSMAN: Héroes sin capa
abril 2, 2012Rogelio Calderón García
No es necesario ser experto en el tema o seguir religiosamente las funciones semana a semana para saber que en México existe el mágico mundo de las máscaras. La lucha libre en nuestro país ocupa un rol que va más allá de lo deportivo, se convirtió en un espacio íntimo, e inherentemente coadyuvó a forjar parte de la identidad nacional durante el definitorio siglo XX.
Ya fuese de color, con silueta deforme, o simplemente con la abertura necesaria para la vista y respiración, casi todo niño mexicano contó con una máscara. Raro quien interpretara a aquellos de cabezas desnudas, aunque al final seguían siendo meritoriamente parte del espectáculo. De ahí muchos crecieron y continuaron asistiendo a las caídas y vuelos en la arena, no obstante, otros tantos optaron por mermar el gusto practicando otras actividades disponibles con el paso del tiempo. Sin embargo, es un hecho que todos disfrutaron el cubrirse y volar como lo hacían los gladiadores del momento, y he ahí el folklor de la lucha libre compartiendo con nosotros un lazo difícilmente de romper.
Estadios, fiestas, o colecciones, los mexicanos tenemos un profundo respeto hacia nuestro deporte nacional. Único y soberbio, las imitaciones internacionales por más espectáculo que mezclen con luces y esteroides, o por más violencia innecesaria que utilicen para enamorar aficiones locales, jamás podrán igualar la esencia del deporte de la máscara, una disciplina que abarca más allá del vuelo y caída, y que conjuga con picardía la historia del héroe de barrio, los valores familiares, y los ricos colores nacionales.
Los estadounidenses se jactan de contar con figuras cósmicas o de alteración genética que protegen a la sociedad. Los mexicanos nunca necesitamos de ver a nuestros luchadores en historietas de acción para saber que son nuestros verdaderos héroes dentro del ring. Pequeña mención con los filmes del mítico Santo, considerados obras de culto en Francia, y que en la pantalla de blanco y negro nunca necesitó más súper poderes que su famosa máscara de plata.
Recién hice un regalo a un amigo. La máscara de uno de los “técnicos” más queridos por la afición le dibujó una sonrisa en el rostro y automáticamente le impulsó a darme un abrazo. Acción extraña dado que los europeos acostumbran a guardar celosamente su distancia con las personas. Nunca ha oído hablar de Octagón, pero la simple máscara le hizo reconocer nuestro deporte, y al momento de recibirla no usó otra cosa más en su cabeza por el resto del día. Le dije satisfactoriamente que en México nuestros héroes no usan capa y no vuelan, sino que usan máscaras y luchan. Una tradición orgullosamente mexicana.
En mi escritorio guardo homenaje al Huracán Ramírez con su mítica azul garigoleada, mientras que en mi recuerdo albergo a Tinieblas luchando contra mi hermano enfundado en el papel del Super Muñeco en la sala de mi vieja casa. Estoy seguro que tú amigo lector, guardas con cariño algunas memorias enmascaradas.

» Españoles preocupados por "Chicharito" para la Confederaciones
» "Sin Jaguares, Chiapas pierde un símbolo de identidad"
» América cuenta con más campeones de liga que el Cruz Azul