SPORTSMAN: Boxeo en la isla
julio 26, 2012Boxeo en la isla
Rogelio Calderón.
Ya se fue Teófilo, y sin embargo cada cuatro años no dejará de estar ahí. Aún cuando uno no sea conocedor del pugilismo, escuchar de boxeo olímpico tiene un pasaje directo a comentarios relacionados con los cubanos y su poder en el ring. Dicen que hay que evitarlos, que su técnica estilizada y fuerte golpeo hacen ganar puntos para su causa, para su isla. Alguna vez le dije a un profesor de aquel país que los mexicanos éramos amos y señores del boxeo internacional; educadamente el erudito en educación física no refutó mi postura, no obstante, me recordó que el mundo amateur es diferente, además de que los cubanos tienen el ritmo de salsa que les permite calibrar los golpes y moverse con parsimonia dentro del cuadrilátero. No quise objetar nada, al final tenía razón, sin ser un conocedor del tema, tenía bien presente que pelear con un cubano por la medalla es una misión complicada. La calidad se esparce como una leyenda, y aunque exista gente que no guste del boxeo, saben que lidiar con Cuba es difícil.
El amateurismo del boxeo en Cuba es tan arcaico y famoso como el autoritarismo que gobierna al pedazo de tierra. Cuando la ideología se vuelve idiosincrasia entonces hay peligro de caer en la terquedad y la ceguera. Teófilo Stevenson recibió una innumerable cantidad de ofertas para ser profesional, pero ninguna tan atractiva como para dejar Cuba y el régimen que con tanto orgullo representaba. Y no escatimaba al decirlo. Campeón olímpico en 1972, 1974, y 1980, logros que lo hicieron convertirse en el soldado preferido de Castro. Una joya para el régimen que irónicamente suspendió por un tiempo entrenadores y su misma Escuela de Boxeo por considerar el deporte como una actividad muy peligrosa. Para sumar más incoherencia, el ejemplo del gobierno para excusar su acción era mostrar los problemas de Ali y el Parkinson, sí, el gran boxeador norteamericano que precisamente era amigo del venerado héroe nacional, de Teófilo.
Veremos que tal estos juegos, veremos si la calidad del boxeo cubano se sigue manteniendo. Dicen que nada dura para siempre, pero también es cierto que la competencia es más fuerte. Quizá el factor social es algo que impulse al joven cubano pelear con fiereza dentro del cuadrilátero, una forma de desahogar toda la miseria que lleva consigo, cortesía de un gobierno que al menos ahora es un poco más abierto y conciliatorio.
No pronostico medalla, pero si me preguntan entonces no los descarto. Al final recuerdo la plática con el profesor cubano y le sigo dando la razón. Teófilo ya no está, Castro en poco tiempo se le unirá, y el boxeo en la isla por siempre perdurará.


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