La relación de Mubarak con el futbol
junio 19, 2012La relación de Mubarak con el futbol
Santiago Cordera
El 31 de enero de 2010, la selección de Egipto llegaba a El Cairo luego de vencer a Ghana 1-0 en la final de la Copa Africana de Naciones. En el avión en el que viaja el combinado campeón, también iban Gamal y Alá, los hijos de Hosni Mubarak.
Miles de aficionados recibían en el aeropuerto a los jugadores que llevaban las medallas colgadas al cuello. En medio de la multitud, los participantes, así como los hijos del presidente y algunos miembros del gobierno, sólo pisar suelo egipcio, se dirigieron al palacio presidencial a recibir las felicitaciones del presidente.
“Los egipcios, reyes de África por séptima vez”, se podía leer en un diario. “Hacedores del éxtasis. Egipto, un emperador que no se pierde la copa”, titulaba el Al Masry al Yom, mientras destacaba también las reacciones de Mubarak tras la victoria. A final de cuentas, bajo el régimen de Hosni, Egipto había conquistado cinco de las siete copas africanas que albergan las vitrinas de la federación de aquél país africano.
Sin embargo, Hosni Mubarak nunca imaginó que un año después de aquellos tiempos en los que el sabor de la victoria pasaba por su boca, y en el lugar en donde se congregaban miles de egipcios para celebrar el campeonato africano, ocupando las calles y las plazas con los brazos en alto y con los sentimientos de felicidad a flor de piel, esa misma multitud se congregaría para reclamar su salida del poder.
Desde el 25 de enero de 2011, miles de manifestantes se enfrentaron con las fuerzas de seguridad afines al régimen mientras el país se colapsaba. La ola de violencia comenzó a dejar muertos por cada rincón de Egipto. La huelga general suscitó el decreto de estado de sitio en varias de las ciudades más importantes, e incluso se llegó al toque de queda.
Tras gobernar cerca de 30 años, el final de Mubarak se acercaba inminentemente. El 1 de febrero de 2011, Hosni anunciaba por cadena nacional que no pensaba renunciar a su cargo, pero también adelantaba que no se presentaría a las próximas elecciones que se llevarían a cabo en septiembre próximo.
Diez días después de aquél histórico anuncio, Mubarak renunciaba a su cargo tras la presión que ejercían las multitudes en la calle. Su situación era insostenible. Dos meses más tarde, el 13 de abril, sería internado en un hospital tras sufrir una crisis cardiaca. Aún los doctores no lo había estabilizado cuando al día siguiente se emitía una orden de aprensión en su contra y en contra de sus hijos, esos que viajaron con la selección campeona de la copa africana.
Las noticias aún serían peores para la familia de Hosni. El 2 de junio de 2012 era condenado a cadena perpetua por la represión de las protestas durante la Primavera árabe, en la que murieron más de 800 personas.
Es probable que aquél día en el que la gente festejaba el triunfo de Egipto en aquella Copa Africana de Naciones ante Ghana, Mubarak ya planeara el traslado de poder a Gamal que, a su vez, disfrutaba de los privilegios del poder y viajaba en el mismo avión en el que los campeones revalidaban el título y levantaban el anhelado trofeo continental.
Casi siempre estuvo relacionado al futbol
El futbol y Mubarak casi siempre estuvieron entrelazados de alguna manera. A pesar de que Hosni ya no estaba en el poder, el 1 de febrero de 2012 se registró, durante un partido entre el Al Masri y el Al-Alhy, que concluyó 3-1 a favor del local, una avalancha de violencia donde murieron 74 personas y hubo más de mil heridos.
Días después, los Hermanos Musulmanes, opositores a Mubarak y partido hegemónico en el nuevo Egipto, abrían una herida que estaba en proceso de cicatrización al asegurar que, detrás de aquellos hechos violentos podía haber una “mano visible” que habría ocasionado los disturbios, o al menos los había permitido, y que podían estar relacionadas a las fuerza de seguridad del ex presidente.
Mientras las teorías amenazaban con desenredar la madeja, la repercusión de aquellos lamentables acontecimientos volvían a dejar la herida abierta.
Este martes, hace apenas unas horas, un reporte declaraba al “último faraón egipcio” clínicamente muerto. Mubarak había sido trasladado a un hospital militar en El Cairo a causa de un deterioro grave de su salud provocada por una trombosis cerebral. Hosni Mubarak se despidió del futbol con un sabor amargo como ahora también se despide de la vida.


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