El niño polémico que es Cristiano Ronaldo
abril 11, 2012El niño polémico que es Cristiano Ronaldo
Santiago Cordera.
Casi siete meses antes de que un terremoto azotara México y marcara la vida de sus habitantes para siempre, grabando en su memoria un episodio que desafortunadamente jamás se olvidará, nacía en Madeira, Portugal, un chico que 27 años después se convertiría en el ídolo de la afición del mejor equipo del siglo XX.
Ese niño, travieso seguramente, inquieto e incluso presumido, se llama Cristiano Ronaldo. A veces, cuando se lo propone, juega con sus rivales como si estuviera jugando con un títere. Le mueve las manos y los pies a su antojo, lo avienta, lo recoge, se divierte, luego se aburre, y finalmente lo deja tirado en la alfombra para poner atención en otro lado, como lo hizo este miércoles con el Atlético de Madrid.
Le gusta la polémica casi como las mujeres o la moda. Las cámaras le siguen allá a donde va. Tampoco es que le moleste demasiado, pues la fama es algo que lleva tatuado en el alma y ha perseguido hasta el cansancio.
Tiene una forma de pegarle al balón que los conocedores denominan “folha seca”. Es decir, le pega a la pelota un golpe seco con la parte interior, éste sale con una fuerza descomunal haciendo una parábola de arriba abajo similar a los platos que utilizan los cazadores para mejorar su puntería.
Es diestro, pero maneja la zurda tan bien como controla el balón. Es veloz como la electricidad, recorre la banda sin temer a que lo alcancen ni lo obstaculicen, como una moto se cuela en medio de los carriles centrales del Periférico o de una carretera de cuatro avenidas.
El que quisiera describir su carácter mejor podría escribir un libro. Quizás siente que viene de Marte, o de un planeta en el que sus habitantes ven a los terrícolas como simples objetos. Mira a sus adversarios por debajo del hombro, y no sólo por su alta estatura, sino por que él se cree un ser superior al resto.
Esa personalidad le ha llenado el bolsillo derecho de enemigos, pero no es que el izquierdo esté menos complacido de seguidores. Así como algunos le odian, otros le idolatran. Es lo que tiene ser polémico, es lo que ofrece la originalidad, o la autenticidad en su defecto.
Lo cierto es que Cristiano se transforma en el campo, como también lo hace en su vida privada. Hay sintonía entre ambas. En el terreno de juego le envidian por su exquisita técnica, por su inigualable velocidad, por ese golpeo de balón que se parece al rifle de un francotirador. En su vida privada le envidian sus mujeres, sus coches, su fama. Pero lo cierto es que en el rectángulo verde manda él, después de Messi.
Quizás ese es el único obstáculo que le ha puesto la vida. El haber nacido como estrella de futbol casi al mismo tiempo que un bajito, de piernas cortas, argentino de nacimiento, pero español por naturalización, que juega en el Barcelona y que es mejor que él. Si Messi no existiera, o si el conjunto azulgrana no lo hubiera consentido, dándole hormonas y creyendo en sus habilidades, Cristiano habría ocupado el trono, se hubiera convertido en el mejor jugador del mundo indiscutiblemente. Pero como bien dicen los que saben: “el hubiera no existe”.
Nos vemos la próxima semana desde La Ciudad Deportiva.


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