¡Para qué Beas? En Londres III
agosto 1, 2012¡Para qué Beas? En Londres III
“Londres odia dejarte marchar… Si se toma el coche para ir de Londres hacia Brighton, hay setenta y cinco semáforos antes de llegar a la autopista y media docena de falsos amaneceres”.
Ian Parker
Más Clavados.
Hace unos instantes mientras salía del Centro Acuático me encontré con los papás de Germán Sánchez, en medio de una orda de mexicanos entonando el Cielito Lindo. Por cierto, la evacuación de cualquier sede tiene récord olímpico, no te puedes quedar ni dos segundos parados en el mismo lugar cuando ya te cayó todo el batallón de chalecos rosas y agentes secretos con chicharos, sacando al inglés malo que llevan dentro para que desalojes el lugar en menos de cinco minutos.
En fin, en ese mar de personas y caminando a ritmo de maratonista pude ver el andar de los padres de Germán, con un orgullo que se vislumbra en cada paso. El pecho bien erguido, la postura de confianza y alegría que sólo una medalla olímpica canaliza. Con la fortaleza entera y listos para seguir luchando desde sus trincheras para que su hijo siga el camino de la gloria que ha tocado. Ahí me decía que es lo mejor que le ha pasado en la vida y que mandaba a felicitar a los papás de Paola y Alejandra por la otra medalla de plata de la delegación. En ese mismo instante y sin ponerle melcocha al texto, salió el sol y seguimos nuestro camino. Ya para el té en la Catedral de San Paul, antes de preparar Score Final, entendí que ahí esta la solución de este país: necesitamos más medallistas olímpicos. Ser más clavados en lo que hacemos todos los días y no desistir hasta lograrlo.
El orgullo que se expande de una sola persona replica en tus padres, tus tíos, tus hijos, tus amigos, tus paisanos, etc. Han sido dos días maravillosos en Londres y al parecer vendrán más. Agradezco el par de emociones que la plataforma de 10mts le ha regalado a un país y el orgullo de 4 atletas que le han brindado confianza y alegrías a México. ¡Bienvenidos, bienvenidos! Al país donde muchos más deberíamos ser más clavados.
Phelpstástico.
Tú hombre inmortal no tienes la culpa de los estados de ánimo cambiantes de los anunciantes. Tú leyenda viviente puedes sonreir y no ser juzgado por tus porros hidropónicos que fumasté en tu fiesta de descanso después de vivir un rato en el Olimpo. Hoy se juzga tu nombre como si ya existiera algún reemplazo, pero te puedo decir algo: eres lo mejor que le ha pasado a los Juegos Olímpicos en la historia. Gracias por ser Phelpstastico. Te agradezco ese momento cuando mi día había comenzado en los clavados mexicanos y ese sabor único de la victoria en el Centro Acuático del Olimpic Park. Pero ahí estabas, a unos cuantos metros con audifónos gigantes esuchando seguramente la oda de los dioses griegos, los cantos de Poseidon, viste a un grupo de mexicanos desbordados por una plata y en lugar de darte la vuelta para seguir tu concentración, aplaudiste a los aficionados y gritaste: ¡Méjicooo! Tan sólo tú tienes más medallas de oro que nuestro país y más de la mitad de naciones en el mundo, pero celebras la fiesta olímpica y la dignificas en todos los sentidos. Habrá algunos carroñeros de las ocho columnas que maten tu figura por un rato, que coman de tu cansado éxito y ocaso de tu loable carrera, pero afortunadamente seguirás ahí, el mismo Phelps que fue a México al Festival Olímpico del Bicentenario y el mismo que se dio tiempo de festejar una plata mexicana. Vienen los días importantes para Michael Phelps y sólo me queda comprobar que hay mucha gente de memoria a corto plazo. ¡Bienvenidos, bienvenidos! A mi momento en Londres que fue Phelpstastico.
Nos leemos mañana, para seguir el recorrido de Londres y sus Juegos Olímpicos. A la orden en mi twitter @EnriqueVonBeas y no se pierdan nuestro #PasaporteOlímpico en www.publisport.tv



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