“La Eurocopa y los PIGS: Una oportunidad durante la tormenta”
junio 23, 2012José Samuel Martínez López
Si 1950 fue el año en que tras la “Declaración Schuman” (con el que se propuso que el carbón y el acero de Alemania y Francia se sometieran a una administración conjunta) se dio la formación de una primera organización supra-estatal europea…
Si 1993 fue el año en que comenzó a fraguarse el sueño de la integración de los estados europeos…
Si el 2002 fue el año en que se formalizó la Comunidad Europea con su sistema híbrido de gobierno transnacional…
Si el 2008-2009 fue el año en el que se presentó la crisis financiera global…
Y el 2010 el año en que, tras las deudas en la economía Griega, se inició la reacción en cadena que suscitó la crisis de la Zona Euro…
No cabe duda de que el 2011 fue el año en fue creciendo la desconfianza de millones de ciudadanos en torno al “modelo social europeo” y el 2012 el año en que muchas naciones del viejo continente ingresaron ya a un oscuro túnel del cual no están seguras cómo ni cuándo podrán salir.
Luego de gozar de varios años de abundancia, la hecatombe económica que (después de los E.U.) azotó a los países de la Zona Euro resquebrajó de tal manera las promesas y esperanzas del euro-sueño de edificar una Europa más justa y unida, que muchos ciudadanos que antes de la crisis alababan a la Unión Europea, hoy, conmocionados, decepcionados y confundidos por la crisis y las duras medidas de austeridad, no solo han expresado severas críticas a los ajustes y han efectuado justificadas protestas contra sus gobiernos y elites financieras sino que están viviendo en carne propia algo que puede muy bien calificarse como una verdadera euro-pesadilla.
Alimentada por la debacle financiera del capitalismo disfuncional, uno de los aspectos más graves de la euro-pesadilla es que ha resucitado viejos problemas como el de los nacionalismos.
Y es justo aquí, en medio de la tormenta económica y las tensiones políticas del verano europeo, que la Eurocopa 2012 (la UEFA Euro) adquiere una especial relevancia política y re-cobra todo su sentido cultural.
Y lo hace, no solo porque el Campeonato Europeo de Futbol (organizado de forma conjunta por Polonia-Ucrania, dos naciones con una relación áspera), sea un ritualizado evento deportivo de impacto global -un Hallmark event- producido desde la lógica del negocio y el código audiovisual del espectáculo para estimular el consumo y entretener a los aficionados al balompié, sino porque bajo el contexto económico y político actual, una parte considerable de los aficionados europeos de las diferentes selecciones en contienda tienen la esperanza de que, al menos en la cancha, algunas naciones vilipendiadas y castigadas por sus malos manejos económicos, venzan e incluso humillen a los países ricos (Alemania e Inglaterra) que les imponen restricciones.
Es el caso específico del pequeño grupo de países del sur de la Unión Europea a los cuales se les indentifica con el acrónimo peyorativo de PIGS: Portugal, Italia, Grecia y España (Spain). Países cuyos problemas de déficit y balanza de pagos los han hecho sufrir una “crisis aumentada” (comparada al resto de Europa), pero cuyas selecciones masculinas de futbol, apostándolo todo y luchando como si de una guerra tribal se tratara, han asumido la Eurocopa 2012 como una oportunidad preciosa para reivindicar el abollado orgullo nacional y darle un electrizante gusto a sus compatriotas.
Y es por eso que los himnos se cantan con tanta vehemencia. Y es por eso que cada nota o programa deportivo que se transmite en los medios europeos le dedica tanta y tan escrupulosa atención a cada entrenamiento, a cada declaración, a cada alineación, a cada tiro atajado, a cada gol anotado. Y es por eso que los jugadores, entrenadores, directivos, políticos y hasta los periodistas de cada nación, festejan de forma delirante los goles y los asumen como una verdadera hazaña colectiva. Y es por eso también que los seguidores de cada selección celebran sus victorias con tal euforia carnavalesca. Y es por eso que hay constantes riñas entre los fans-turistas de naciones contrarias que coinciden en las calles. Y es por eso que hay tanta expectación.
Sabemos que a Grecia no le alcanzó el talento para vencer a Alemania y pasar a la siguiente ronda, pero con España y Portugal en las semifinales, y con Italia todavía con esperanzas en la cancha, es un hecho que al menos uno de los PIGS (y con suerte tal vez dos) llegará a la final y, en una de esas, hasta probablemente gane la copa.
¿Será España, Portugal o Italia quien se lleve la Copa y la festeje en nombre de los empobrecidos?, o ¿será la rica Alemania o la cautelosa, orgullosa y ruidosa Inglaterra?
Está demostrado que en tiempos de crisis económicas siempre aumenta, paradójicamente, el consumo de productos y servicios de entretenimiento. Y el caso de esta Eurocopa del 2012 no es la excepción. Sin embargo, hay una cosa que si ha hecho a este evento muy distinto de todos los anteriores: además de estimular el consumo y abrir una pausa lúdica en medio de la tormenta, se ha transformado en una oportunidad para ver, en vivo y en directo, la guerra simbólica, la colisión deportiva de los orgullos que buscan revancha.


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